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El perfil del dictador | Augusto Rafael Gómez

Dice el escritor Boliviano Juan Claudio Lechin: “El caudillo populista es generalmente un ser vacío de convicciones, su patológica ambición de poder está movilizada por una gran voluntad y orientada por una antena intuitiva (un pragmatismo natural). Su antena capta lo obvio, la iniquidad, la injusticia, el antisemitismo, pero fundamentalmente los traumas del inconsciente colectivo. Y cuando lo hace, el caudillo mesiánico se vuelve espejo del alma colectiva y la colectividad se mira en él, reconociéndose y encantándose”.

A las muy acertadas palabras del escritor Boliviano, yo le agregaría el desprecio por la institucionalidad, el consenso y la ley; pareciera superficial hablar de la personalidad de un candidato a ostentar el timón de la nación, sin embargo debemos considerar que las políticas las diseña y ejecuta el hombre, y detrás del hombre hay una psicología muy influyente en sus decisiones.

Al observar la historia de Gustavo Petro podemos decir que su perfil encaja perfectamente en el molde psicológico anteriormente descrito, en su juventud cuando la izquierda Colombiana se debatía entre tomar el camino democrático o el camino del uso de todas las formas de lucha, este escogió ir en contravía de la ley y las instituciones; después de la firma del acuerdo con el M19 y recibido el indulto, recordamos su época como congresista del polo, el grueso de la población rememorará sus acalorados debates que sin lugar a dudas agradece esta nación, no obstante en su interior aún existía el germen de conseguir sus objetivos aun por encima de la ley, y ya sin las cámaras que transmitían su discurso contundente contra la corrupción de este país, este cambiaba fraudulentamente las actas de su partido acomodándolas a sus intereses, como lo expreso el difunto doctor Carlos Gaviria y recordó el escritor Hector Abad Faciolince, hecho por el que casi lo proscriben los miembros de la Colombia humana.

Pero aquí no termina todo, además del desprecio por la legalidad e institucionalidad hay una faceta autoritaria que desprecia el consenso, como recordaremos cuando tomó la decisión de transformar de un golpe el modelo de recolección de basuras en Bogotá sin escuchar las recomendaciones que al respecto se le daban, o como cuando decidió monárquicamente apoyar al presidente Juan Manuel Santos sin tener en cuenta la opinión de los concejales de su bancada, lanzando la frase: “O están conmigo o están contra mí”, no es casualidad que muchos funcionarios de su alcaldía optaran por abandonar sus cargos y otros por declinar a los nombramientos.

Así que aquellos que estaban preocupados por su constituyente y la irresponsabilidad fiscal y macroeconómica de sus propuestas, alármense, pues su personalidad debe preocuparnos más, y para escandalizarlos, sépase que el gobernante autoritario cree estar por encima del bien y el mal, en su cabeza el nació con un fin mesiánico y redentor y lo tiene que cumplir a como dé lugar.

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