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Más cifras menos pasiones | Augusto Rafael Gómez

Dicen que la Semana Santa debería ser una semana de reflexión, acatando esa premisa reflexioné respecto a un tema coyunturalmente trascendental: ¿Que nos debe motivar a la hora de elegir el capitán del barco de la nación? Después de considerar muchos aspectos y hacer una gran abstracción, decidí que era muy importante considerar un candidato con propuestas técnicas, basadas en cifras y factibilidades, y no en pasiones ni anhelos ideológicos; posteriormente profundicé sobre los modelos económicos que plantean dos de los candidatos más opcionados a ocupar la casa de Nariño y llegué al caricaturizado y trillado dilema de ¿Aguacates o Petróleo?.

Las redes sociales hoy están a reventar con el dilema de aguacates o petróleo, dilema que a mi parecer no existe y que es una izquierda económicamente radical la que nos quiere convencer de su existencia, la producción de hidrocarburos no la podemos satanizar poniéndole un rol antagonista con el crecimiento de otros sectores de la economía de gran potencial en nuestra nación, como el agro-industrial y el ecoturístico, dos sectores estratégicos debido a nuestra biodiversidad, presencia de todos los pisos térmicos, ubicación cercana al ecuador que nos permite producción sostenida en el año y riqueza hídrica. en ese sentido creo que es obligada la pregunta: ¿es condición sine qua non eliminar súbitamente la renta de hidrocarburos para conseguir nuestras realizaciones en el sector agro-industrial y ecoturístico?, los argumentos de la izquierda económicamente radical nos dicen que los beneficios que deja la extracción de hidrocarburos para la nación y sus regiones son ínfimos y que aparte de eso promueve poderosamente la contaminación ambiental… y pues con respecto a esos dos argumentos quiero decir que son dos verdades a medias, como lo analizaré de manera desagregada a continuación:

¿La extracción de hidrocarburos le deja beneficios ínfimos a la nación?

Cabe recordar a la izquierda económicamente radical que los ingresos que recibió el estado por manos del sector petrolero  entre 2006 y 2015 fue por la nada despreciable cifra de 215,9 billones, según cifras de CAMPETROL, cifra que para que nos hagamos una idea de su utilidad nacional supera la inversión necesaria a 15 años para cerrar la brecha urbano-rural en primera infancia, educación, salud, saneamiento y vivienda rural, según Claudia López en su libro “Adiós a las FARC!”(162,3 billones del 2015). Entonces el quid del asunto es: ¿el problema es el sector petrolero o la corrupción rampante que no permite un mayor impacto positivo de esos recursos? Resolución que nos lleva a que la izquierda económicamente radical no está atacando con su propuesta al agente causal del problema, a manera de ilustración eliminar el sector petrolero porque el impacto de los recursos no es el debido es como aplicar pintura verde a una planta con problemas nutricionales.

¿La explotación de hidrocarburos es demasiado contaminante?

No existe actividad humana que no tenga riesgo de ejercer directa o indirectamente efectos ambientales negativos, para poner un ejemplo analicemos un sector que diviniza la izquierda radical, el sector agropecuario (el de los aguacates); según cifras del estudio nacional de aguas del 2012 realizado por el IDEAM, mientras el sector de hidrocarburos tiene una demanda hídrica del 1,6% el sector agrícola tiene una demanda del 46,6%, y según estudios realizados SIVIGILA en 2010, de los 364 casos reportados por intoxicación aguda en el país, las intoxicaciones más frecuentes fueron por pesticidas en especial organofosforados y carbamatos, no obstante mi intención no es satanizar el sector agropecuario y quiero acotar que todos estos impactos ambientales se pueden reducir sustancialmente si fortalecemos nuestras instituciones ambientales y agropecuarias en lo técnico y las despolitizamos, quiero que la nación piense lo siguiente, si nos ha quedado grande la contaminación que ejerce una industria con 450 campos petroleros activos medidos y georreferenciados, y que solo utiliza el 1,6% del agua que demandamos, imagínense las mismas instituciones ineficientes y politizadas controlando millones de hectáreas dispersas, distribuidas en pequeños y medianos fundos utilizando el 46,6% de nuestra agua, volvemos al punto ¿el problema es el sector petrolero o las instituciones que deberían regular estas actividades?.

En ese orden de ideas no podemos permitir que el rumbo del país esté en manos de ideologías que enfrentan sectores de la economía malos versus sectores de la economía buenos, que enfrente burgueses versus proletarios, el liderazgo que necesita Colombia es uno que saque lo mejor de cada actor de este país, donde tengamos un estado técnico, eficaz y libre de corrupción, un sector productivo moderno, innovador y con responsabilidad ambiental, y una ciudadanía que no sea una consumidora frenética. En resumidas cuentas necesitamos un liderazgo apasionado por este país pero que no olvide las cifras y lo técnico.

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